Apuntes: sobre taller de encuadernación monástica y charla sobre cantorales

     Los días 20, 21 y 22 de enero en la Biblioteca Recoleta Patrimonial Recoleta Dominica dicté el Curso de Encuadernación gótica o monástica, donde cada participante realizó una maqueta de Cantoral. En este contexto, Javier Godoy que participó como oyente -porque las plazas estaban copadas-, tomó los siguientes apuntes para compartirlos con sus compañeras e ir soltando la mano con conceptos y teoría. Esta iniciativa la emprendió por su propia voluntad y ganas de aprender, es muy posible que haya errores, pero de ellos se aprende.
     Gracias Javier  por el cariño, la atención y participación en mi clase.
    
     

Maqueta de Cantoral realizada por Ximena Vargas.






Charla ¿Qué son los cantorales? y Taller de Encuadernación Avanzada

Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica – enero 2020
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      Introducción: Los Libros Litúrgicos
      Profesora: Liz Gallegos


Los textos litúrgicos pueden entenderse como un dialogo entre el ser humano y la divinidad, a través de una celebración o ritual especifico expresado en el texto. En la historia del cristianismo se reconocen cuatro momentos claves para la conformación de estos textos, se trata de los periodos de Improvisación, Creatividad, Libros Tridentinos y Libros Vaticanos.

Por Improvisación se comprende el periodo desde el origen del cristianismo en el siglo I hasta el IV, se trata de una época donde el dogma cristiano no está claro en sus especificidades, cabe mencionar que Jesús no dejo ningún escrito propio, por lo tanto su doctrina se traspasaba oralmente generando una amplia gama de variantes. En ese sentido, durante este periodo encontraremos una libre creatividad en la conformación de rituales y textos escritos, los cuales tendrán como única referencia en común a la Biblia y los elementos básicos del culto. A este periodo corresponden libros como el Didajé (40-90 d.C), los escritos de Clemente de Roma (Siglo. I) y la Apología de Justino (150-155 d.C). 
Posteriormente con la traducción de la Biblia y los Evangelios del griego al latín, durante el siglo IV, se inaugura el periodo de Creatividad. Este corresponde a los distintos procesos que realizaron cada iglesia por establecer sus ritos litúrgicos propios, aun cuando estos no eran reconocidos oficial y transversalmente por la cristiandad. Al respecto podemos señar los textos de los papas León (440-461) Gelasio I (492-496) y Virgilio (537-555), contenidos en el Códice 85 de la Biblioteca Capitular de Verona, descubiertos en 1713.   

En función del proceso anterior, para el siglo VII los textos litúrgicos fueron creciendo en número generando la aparición de los Libros Puros, estos textos contenían en cada volumen un elemento especifico de la celebración. Algunos ejemplos son el Sacramentario (Formulas de la eucaristía y sacramentos), Leccionarios (Lecturas específicas y fragmentos de la Biblia para cada celebración) Antifonario (Cantos específicos) y Ordines (Pasos a seguir en el desarrollo de los rituales).
No obstante, próximo al año 1000, los distintos Libros Puros empezaron a ser fusionados en un solo texto por motivos funcionales, estos se denominaron Libros Mixtos o Plenarios. Podemos mencionar al Pontifical, que contenía los rituales y fórmulas que debía llevar a cabo el obispo, como las confirmaciones, ordenaciones, consagración de vírgenes e iglesias, bendiciones y coronaciones. El Misal, donde se disponen todas las partes para la celebración de la eucaristía, como las lecturas, cantos y oraciones. En este texto podemos observar cómo se fusionan atribuciones del Sacramentario, Leccionario, Antifonario y Ordine. Así también encontramos el Ritual, donde se exponen las formas específicas de participación para el sacerdote y los creyentes en la realización de los sacramentos, y el Breviario, compendio de oraciones y lecturas que permitían el oficio privado o en coro.

La Reforma protestante y su posterior respuesta por el catolicismo romano no dejo indiferentes a los libros litúrgicos, durante el Concilio de Trento (1545-1563) estos entraron a un proceso de reorganización y homogenización de sus contenidos, de cuyo resultado se obtendrán los denominados Libros Tridentinos. En esta instancia se buscó instalar una versión transversal de la misa y liturgias a través de la generación de un texto oficial para occidente, con la excepción de las iglesias cuyos rituales pudieran comprobar una antigüedad de más de 200 años de ejercicio. Este proceso significo la confirmación del papado romano como única autoridad en materia de constitución de los Misales y Breviarios, así como también, en la definición del dogma católico universalmente. Cabe señalar que durante este proceso se imprimieron las “versiones oficiales” de distintos textos litúrgicos, tales como el Breviario (1568), Misal (1570), Pontificial (1595), Ritual (1614), así como la aparición de algunos nuevos como el Martirologio (1584), el cual especificaba las fechas de celebración de los distintos santos, funcionando como una especie de calendario de la cristiandad. En cuanto a la música, el concilio no especifico detalladamente en este asunto, dejando dichas disposiciones en manos del sínodo providencial.
La gran mayoría de estos textos se mantuvo sin cambios sustanciales hasta la segunda década del siglo XX, si bien nos encontraremos con la integración de elementos como la vigilia pascual en 1951, no será hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) donde encontraran sus mayores transformaciones. Estas últimas obedecerán en gran medida a la traducción en lenguas vernáculas y la reescritura de la liturgia, donde la música tendrá un papel fundamental, en cuanto se supone como la instancia que une a las distintas partes y fieles de la comunidad en el oficio de la liturgia. Si bien se reconoce la importancia del canto coral y el órgano, se dotará de libertad a las comunidades para la ejecución musical, en cuanto consideren esta pertinente y digna de la liturgia. A este periodo corresponden el Misal Romano (1971), Calendario Romano (1969), Pontificial Romano (1968), Ritual Romano (1969) entre otros, cabe señalar que la fecha indicada solo corresponde a la primera de muchas ediciones posteriores de estos textos.

Como se habrá constatado, los cambios en los libros litúrgicos están directamente relacionados con las transformaciones y evoluciones de la liturgia misma, esto último ha generado que con el paso del tiempo muchos libros queden obsoletos o sean adaptados a nuevas necesidades, esto último a través de la realización de insertos o cortes en los libros, en este sentido un caso paradigmático serán los cantorales.


§  El papel de la música

Los Cantorales corresponden a un libro litúrgico del tipo Antifonario, al respecto debemos mencionar que el canto será un elemento presente desde los orígenes del cristianismo, ya San Agustín en el siglo IV declaraba “Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no solo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor”. En ese sentido, la relevancia del canto radica en ser el vehículo de la expresión de una vivencia interna, antes que la manifestación de un virtuosismo musical, de allí que el canto se transforme en un ejercicio monódico, monótono y al unisonó.
Al respecto el canto gregoriano se posicionará como una de las expresiones musicales más importantes de la cristiandad, este último se trata de una serie de piezas de autorías múltiples y anónimas e inspiradas en los salmos (No son obra exclusiva del Papa Gregorio Magno a pesar de que la tipología conserva su nombre) cuya producción se sitúa hasta finales del siglo XI, siendo las piezas de composición posterior reproducciones de las anteriores. Se caracteriza por una ejecución monofónica, sin acompañamiento musical más que la voz y de ritmo libre, se dividen en tres formatos principales, el responsorial (Solista y Coro), antifonal (Dos Coros) y directo (Un coro o un solista), no obstante, se busca que ninguno de los cantantes sobresalga sobre el otro, el solista no se entiende como la voz más virtuosa del conjunto, sino como un representante de la totalidad de la comunidad.

En cuanto a los tipos de cantos litúrgicos, estos se pueden dividir entre los de tiempos ordinarios y propios. Entre los primeros debemos considerar los pertenecientes a la Misa pero que no cambian, poseen la misma letra y se repiten en todas las liturgias invariablemente, dentro de este tipo se encuentran el Kyrie, Gloria, Credo, Santo, Cordero de Dios. El segundo tipo corresponde a cantos de la misa pero que varían dependiendo de la fiesta y tiempo litúrgico, estos cambian todos los domingos, en la misa corresponden a la Entrada, Salmo, Aleluya, Ofertorio y Comunión. 

Así también debemos considerar a la Liturgia de las Horas, se trata de oraciones cotidianas que pueden realizar laicos y religiosos, cada oración marca un periodo distinto del día consagrado a la adoración divina, estas se dividen en las Horas Mayores y Menores, las tres primeras corresponden a los Maitines (Antes de la aurora), Laudes (Comienzo del día) y Vísperas (6.00 pm o declinación del día), en el segundo grupo están las Tercias (9.00 am), Sexta (12.00 am), Nona (3.00 pm) y Completa (Antes del descanso nocturno). 

Las necesidades de poseer un tipo de libro que permita a un coro litúrgico amplio interpretar con gran claridad, tanto la línea musical como los textos (Recuérdese que el canto se entiende como una oración), así como también el integrar los diversos cantos litúrgicos, estarán dentro de las causas del origen y formato de los cantorales.     


§  Los cantorales

Este tipo de libros tendrá entre sus características materiales: su gran tamaño y tapas de madera cubiertas en piel, esto dado la necesidad de actuar como partitura única para un gran coro, algunos pueden alcanzar los 90 centímetros de altura y 30 kilos o más, disponiéndose incluso ruedas para su transporte hasta el facistol, una especie de gran atril que permitía su observación por parte de todo el coro. El auge de estos libros lo podemos situar entre los siglos XV al XVI, su decadencia empieza durante el siglo XVII hasta el XX con el Concilio Vaticano II. Cabe señalar que el gran valor que supondrá la realización de estos antifonarios, cuya producción podría extenderse entre 18 a 24 meses, generará que su factura sea austera e inclinada al utilitarismo, aunque existen excepciones en monasterios y catedrales más adineradas, las cuales poseerán bellas ediciones iluminadas y de fina ornamentación. 

Esta misma condición dará paso a la reutilización de estos, ya sea a través de insertos que permiten su actualización en función de los cambios litúrgicos, así como también, en la utilización de cubiertas antiguas para nuevos cantorales. Posteriormente, sus hojas de pergamino servirán como encuadernaciones flexibles para libros, e incluso como pantallas de lámparas, cabe señalar que durante la Guerra Civil Española (1936-1939) fueron utilizados para construir barricadas.

En el caso de la Biblioteca Patrimonial de la Recoleta Dominica, nos encontramos con dos cantorales de 76 x 74 x 7 centímetros y 12,578 kg, ambos poseen dos correas de cuero y cierres metálicos, hojas de pergamino con pentagramas y letras capitulares de estilo gótico en latín. Sus orígenes los encontramos en 1781 realizados a expensas de José Cruz, fraile dominico y futuro cuarto Prior y Vicario en 1794. Fray José Cruz, quien fuera uno de los estudiantes más aventajados de la época, buscara tempranamente promover mejoras espirituales y materiales en la orden, dentro de estas intenciones podemos comprender la realización de ambos cantorales, cuyos cantos corresponden a la solemnidad de la Virgen del Rosario, Patrona de la Orden Dominica, y las distintas horas de los oficios. 

En cuanto a características materiales más específicas, las encuadernaciones se denominan: Góticas o Monásticas en ellas la decoración se vuelve funcional a la protección y conservación del libro. Por ejemplo, la presencia de herrajes y rosetones busca disminuir el roce de los textos en las superficies y su transporte, así como también, las tapas que se realizan en madera deben ser embarrotadas, esto con el fin de evitar que el libro se doble o quiebre dado su gran tamaño. Este mecanismo que corresponde a una construcción de tapas complejas, el cual se expresa desde la disposición de barrotes de madera horizontales en el interior de estas, hasta el ensamblaje complejo de esta última en varias piezas menores, permite dar solides a un libro de grandes dimensiones, a la vez que evitar la deformación y posible ruptura de las tapas. Estas se caracterizan además por ser biseladas o achaflanadas y con cejas para la protección de los cuadernillos, así como también recubiertas y claveteadas con piel, cabe señalar que la utilización de adhesivo animal en este último proceso permite la proliferación de insectos y microrganismos.

El lomo es redondeado, con refuerzos de lino y nervios dobles de cáñamo que se tejen en telar, estos últimos son fijados a las cubiertas a través de cuñas, así también las cabezadas no son decorativas, sino que estructurales y se montan en las esquinas de las tapas. En cuanto a los cuadernillos estos se realizaban en pergamino, una semi curtiembre que tras lavar, rebajar, estirar y secar una piel animal, generaba un soporte de escritura de gran durabilidad y maleabilidad. Existen pequeñas variantes en el color de un lado y otro de las páginas, el cual nos permite establecer cuando estas pertenecían al pelo del animal (su color es más amarillento) o a la carne (más blanco), además debemos mencionar la existencia de una clase más fina de pergamino denominada vitela o velum, el cual corresponde a la piel de animales recién nacidos o nonatos, lo que generaba que los libros fueran de un tamaño reducido pero de una gran blancura y belleza de las páginas.


§  Los cuadernillos, incisiones y costuras para la realización de una maqueta

Para la realización de los cuadernillos se precisa de dos folios doblados dobladas en la mitad, lo que genera un cuadernillo de cuatro hojas u ocho páginas, para la realización de los cuadernillos del cantoral se sigue la tradición del cuaterno, cisternio o cuaternión, que da nombre al actual cuaderno, el cual corresponde a los cuadernillos de cuatro hojas. Se recomienda repasar una por una cada hoja, cuadernillo y finalmente todos juntos con la plegadera o lumbeta, esto evita el desplazamiento posterior de las hojas.
Para las incisiones de los nervios, se debe medir y marcar el lugar exacto que corresponde al centro medio del lomo del cuadernillo, posteriormente volver a medir y marcar el centro exacto de ambos medios, el número de nervios debe ser impar puesto que permite una mayor estabilidad, además se deben marcar dos centímetros en pie y cabeza para el remate de la costura del libro. Se recomienda el uso de una escuadra o pie de metro para marcar el lomo de todos los folios, nuevamente este proceso puede realizarse uno a uno y posteriormente todos juntos, para una mayor precisión y prolijidad de las medidas, esto es fundamental en cuanto una medida exacta permitirá una buena apertura del texto. 

A diferencia de otras encuadernaciones, el cantoral debe aserrarse y no utilizar el punzón, este último desagarra y fractura el papel dejando un forado, por el contrario, el aserrado genera una incisión, que en el caso de ser excesiva, solo dejara un pequeñísimo tajo a la vista. El aserrado debe realizarse con una profundidad de 3 mm cuando se trata de papel, en el caso del pergamino dado su mayor volumen es difícil dar una medida exacta. Respecto al corte se precisa de suavidad antes que fuerza, se trata de realizar una incisión suave y sin cargar, donde la sierra debe mantenerse dentro del corte hasta finalizarlo. Sacar antes la sierra puede generar un desplazamiento de los folios, si esto llegase a suceder, la sierra posteriormente no pasara fluidamente por los cortes, esto último es señal que el corte o las medidas no fueron realizadas con precisión. Debe considerarse que en esta incisión debe pasar la aguja, por lo cual podemos tener como referencia la entrada de una uña, para medir el ancho de cada corte.

Una vez realizadas las incisiones en los cuadernillos, se deben alinear los hilos de cáñamo del bastidor a su disposición, estos deben ser dobles y quedar tensos, se recomienda fijar muy bien los hilos al telar, tanto arriba como abajo con cinta adhesiva masking tape, en el caso de tener bastidores artesanales y no profesionales. Idealmente disponer los cuadernillos a cierta altura en el telar, puesto que permitirá dar mayor facilidad a la costura de los nervios, así como también, utilizar un hilo que no sea tan largo, puesto que este evita la generación de nudos indeseados en la costura. Los hilos de cáñamo son bastante anchos y gruesos, por ello deben ser encerado para evitar el roce excesivo, de no estar disponible cera de abeja natural, se pueden utilizar velas pequeñas ornamentales, las cuales están compuestas en su mayoría de cera y parafina. En cuanto a las agujas, estas deben idealmente poseer una cabeza fina, lo cual permite una incisión más fluida. 

La costura de los nervios tiene forma de ocho, sale del medio de los dos hilos de cáñamo verticales, rodea el cáñamo de la izquierda saliendo por detrás de este último nuevamente al medio de los dos, posteriormente rodea el cáñamo derecho y termina pasando por detrás de este, para entrar por la incisión del medio. El primer giro o rodeo del hilo de cáñamo deberá seguir la orientación de la costura, si esta se realiza hacia la derecha, el primer rodeo del hilo al salir del medio de los dos cáñamos debe ir rodeando el de la derecha, por el contrario, cuando la costura viene desde la izquierda, se debe partir rodeando el cáñamo de la izquierda. 

Una vez finalizado la costura de cada cuadernillo es ideal pasar la lumbeta o plegadera sobre cada una de las secciones, esto permite dar una mayor compactibilidad a los cuadernillos, de igual forma se recomienda realizar el nudo de unión de las hebras en el interior del cuadernillo, para generar una costura homogénea de los nervios, así también, si el papel llegase a ser muy ancho, se puede realizar vueltas dobles sobre cada costura. Finalmente al liberar los folios ya cocidos del bastidor, debemos dejar una cantidad de cáñamo sobrante, puesto que esta servirá posteriormente para el montaje de las tapas del libro.


§  Cubiertas, encolados y refuerzos

Para la realización de las tapas se precisa de dos trozos de cartón piedra, los cuales se pegan uno sobre otro; el pegamento debe ser distribuido desde el centro a las esquinas, esto permite su extensión homogénea por toda la tapa, una vez esparcido el pegamento se debe mantener secando con algún tipo de peso sobre ellas. Se recomiendo anotar el número y ubicación de cada cubierta, así como realizar las medidas de cada trozo de cartón por separado, esto permite evitar algún tipo de imperfección en las dimensiones.
En cuanto al encolado, se debe realizar un engrudo con almidón de trigo, aunque también puede utilizarse cola fría s600 para encuadernar, los refuerzos deben ser realizados idealmente en Lino o Algodón, la tela de sabanas viejas también es útil en caso de prescindir de los materiales anteriores, esta última debe cortarse en el sentido de la fibra, al igual que el papel, lo cual permite dar mayor firmeza al soporte. En primer lugar se deben prensar los cuadernillos y extender el pegamento en las hojas, no en los nervios. Una vez seca la primera capa de pegamento, se adhieren los refuerzos que deben cubrir las cadenetas de pie y cabeza, terminados de pegar los refuerzos debe mantenerse el cuadernillo secando en la prensa. El prensado generará que los cuadernillos se curven naturalmente, lo cual se potenciará si se trata de un número reducido de cuadernillos, la curvatura se produce dado el relleno interior de estos últimos, lo cual permitirá una mejor apertura del cantoral.
Una vez que las tapas se encuentren secas deben biselarse, pero solo por el lado del lomo; para ello se miden 1,5 cm desde los bordes, lo ideal es que la curvatura del biselado sea una proyección de los cuadernillos. Posterior al biselado, y teniendo como referencia cada uno de los nervios, deben marcarse en la parte exterior de las tapas dos puntos, el primero a 1 cm de distancia de cada nervio, formando una línea horizontal, el segundo punto se realiza a 1 cm de distancia del primer punto, siguiendo la línea horizontal formada por el primero. Estos puntos servirán para marcar el lugar de la incisión donde se introducirán los nervios, lo cual permitirá finalmente el montaje de las tapas, de allí la importancia de realizar las medidas con precisión y considerando cada uno de los nervios. En el caso de la cabezada del cantoral, debe realizarse en igual medida, pero la primera sección se realiza de forma vertical, desde las esquinas de las tapas, hasta el primer agujero. Una vez realizados los puntos y las incisiones correspondientes, se debe realizar una canaleta o cuna entre cada uno de los puntos, el fin de esto último es permitir el paso interior de los nervios, lo que finalmente supone el montaje del cantoral.


§  Cabezadas y montaje 

Si los cuadernillos no han alcanzado una curvatura adecuada, pueden martillarse en sus bordes, siempre en dirección hacia quien martillea. Una vez terminada la curvatura del lomo de los cuadernillos se mide el trozo de cáñamo que servirá para realizar el alma de la cabezada, es importante que tenga una extensión acorde con el resto de los nervios, el alma en los cantorales sostiene las cabezadas y es parte del montaje de las tapas con los cuadernillos, por lo tanto, se trata de una pieza estructural antes que decorativa.
El tejido de las cabezadas comienza por debajo de las cadenetas de remate anterior al alma, pasando por el interior del cuadernillo y saliendo detrás de la cabezada, el cáñamo debe rodearla con una o dos vueltas, estas dependerán del grosor del cuadernillo, para volver a la cadeneta rodeándolo y entrando por el interior del cuadernillo, para volver a salir en la cabezada y realizar las vueltas posteriores. Debe considerase que las puntadas se realizan una por cada dos cuadernillos, siempre procurando que el alma se ubique sobre el borde del cuadernillo, nunca debajo de este. Terminada la cabezada, se baja para realizar la cadeneta en la parte inferior, realizando un nudo simple en cada una de las secciones verticales del cáñamo, finalizados estos se vuelve a pasar el cáñamo por detrás de cada una de las secciones verticales y se anuda al final de estas.  

Una vez finalizadas las cabezadas, estas son la primera parte que se realiza del montaje, siempre dejando los refuerzos por el interior de las tapas. En primer lugar se introduce el cáñamo por el primer agujero, este pasa por el interior de las tapas ocupando el espacio de las cunas o camas hechas anteriormente, y sale por el segundo orificio hacia afuera. Para terminar la unión del cáñamo con las tapas, se debe rellenar el espacio sobrante en el interior del segundo agujero con cuñas de madera, en este caso pueden utilizarse trozos de mondadientes o palos de brocheta. 

Terminado el montaje se procede a forrar con el cuero, este debe ser humedecido desde el centro hacia las esquinas, una vez que el cuero haya alcanzado gran extensión puede aplicarse el pegamento, también desde el centro hacia los costados. Completada la aplicación del pegamento puede adherirse el cuero al montaje, idealmente debe trabajarse con dos personas, uno sosteniendo el libro y otro extendiendo el cuero. Una vez esté ya se encuentre extendido en todo el volumen, con un trozo de cuero largo y delgado, se modelan los nervios del texto rozando hacia arriba y abajo por los costados de cada uno, así también, con la lumbeta pueden remarcarse los bordes y esquinas de los nervios, estos pueden terminar en puntas, redondeados o en un rectángulo, aunque en los cantorales originalmente estos terminan redondos. Los borden interiores del cuero pueden recortarse, pero el doblarlos le da un toque más realista, por ser la forma que seguía la factura original. Finalmente las cubiertas pueden decorarse con clavos tipo tachuela o de cabeza grande, emulando los herrajes que se utilizaban para evitar el roce de los libros. 

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